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El tiempo que tarda en aprobarse un proyecto de ley en el parlamento guarda proporcion inversa con los grupos de presión que lo apoyan LEY DE LA ACCIÓN LEGISLADORA DE MURPHY El tranporte terrestre no tiene ningún peso político, por ende, no importa lo que suceda con él APLICACIÓN AL CASO PERUANO
Todos los años en nuestro país se promulgan diferentes leyes y reglamentos que supuestamente debieran hacer que nuestra sociedad sea más justa y democrática, lo que en buena cuenta significa más civilizada. Sin embargo, el trecho del dicho al hecho es muy largo, casi hasta el infinito, cuando no existe la voluntad de aplicar la norma promulgada, lo cual nos lleva a la conclusión que EL PROBLEMA NO ESTÁ EN QUÉ SE APLICA, SINO EN QUIÉN LO APLICA. Veámos algunos ejemplos buenos y malos: Tributos: en un país donde el deporte nacional era no pagar impuestos, el gobierno tomó la DECISIÓN DE COBRAR IMPUESTOS y así comenzó un proceso que ahora nadie puede negar que es que en el Perú se paga impuestos. El caso de ADUANAS es igualmente digno de resaltar ya que han logrado desarrollar un sistema eficiente de control que recauda los aranceles que determina la ley. En ambos casos, SUNAT y ADUANAS, se tomó la decisión de aplicar las normas y reglamentos y se aplicó, lográndose grandes resultados (aunque con algunos errores y aciertos que son inevitables en cualquier proceso) Lamentablemente, el transporte es una fuente de ejemplos malos. Tal es el caso del famoso Reglamento de Pesos y Dimensiones. Atrapado entre la presión del Banco Mundial porque se aplique el citado reglamento para proteger las carreteras y el Fondo Monetario Internacional que buscaba mantener la inflación a raya y por ende cualquier incremento de precios, caso los fletes, debe ser evitado, el Estado optó por el cuento de Pedro y el Lobo anunciando que aplicaría la norma sin hacerlo nunca. Claro que algunos ingenuos cayeron en la trampa de cumplir con la ley (¡vaya ingenuidad: cumplir con la ley!) y adaptaron sus unidades, invirtiendo dinero para cargar menos pero ese ya es otro cuento. Finalmente, se está aplicando ya el reglamento cuando el daño en las carreteras ya está hecho. Otro ejemplo lamentable de indecisión son las leyes de tránsito que ni la policia respeta, llegando al absurdo de que ahora los limeños paramos en verde y pasamos en rojo (ya que sabemos que estando en verde, mejor es parar y mirar porque alguien querrá pasarse en rojo). De qué sirven las multas, sanciones, exámenes de tránsito si tanto la policia como los infractores convienen en que mejor es “arreglar con un sencillo” la infracción que respetar, o hacer respetar, la ley ¿Qué hacer?: tomar la decisión de actuar. Una decisión en la cual estamos involucrados todos, tanto autoridades como la sociedad en su conjunto. Los gobernantes deben asignarle al transporte terrestre el peso político y económico que tiene y tomar la decisión de solucionar los problemas que lo aquejan, aunque ello parte del hecho que comprendan la importancia del mismo en el desarrollo del país, algo que no siempre dan la sensación de entender. En el caso de la policia, pensamos que en la aplicación de la decisión de hacer respetar las leyes de tránsito, debiera intervenir un cuerpo de serenos honorarios, escogido entre los vecinos más notables de la ciudad, que hagan cumplir con la ley. Ahí está el gran ejemplo de la Municipalidad del Callao que ha logrado imponer, con disciplina, decisión y creatividad, el respeto estricto a las reglas de tránsito. Por su lado parte, los usuarios debemos tomar conciencia que el respeto de la ley es la base una sociedad moderna y desarrollada en que el orden beneficia individualmente a las personas. Sin embargo, como “la letra con sangre entra” el procedimiento más eficaz no será la convicción sino el temor a la sanción. |