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El campamento de UPACA está situado en Huaytará, capital de la provincia del mismo nombre en el departamento de Huancavelica. En este pueblo, conocido por sus ruinas incaicas, viven 2 000 personas.
El gobierno del Arq. Belaunde construyó un albergue dentro de la red de Entur Perú y por esas cosas de la vida, este albergue se construyó con 14 habitaciones y un salón comedor con una cocina para alimentar a 200 personas. Además se le equipo con calderos, grupos electrógenos y con 10 habitaciones para el personal de servicio. Lamentablemente, este local fue totalmente saqueado en la época del terrorismo y en la subasta de los hoteles de EnturPerú fue adjudicado recién en el tercer remate. Toda esta explicación es para contarles que UPACA ubicó este albergue y lo ha alquilado en su totalidad a su actual dueño por el tiempo que dure la obra.
Como podrán imaginar, este trato ha sido significado negocio para ambos ya que el propietario ha logrado llenar su hotel saqueado por varios meses sin preocuparse ni por la habilitación (UPACA ha tenido que poner hasta los picaportes de las puertas) ni por el mantenimiento. Para UPACA la ventaja ha sido que no ha tenido que armar campamentos (ni desarmarlos) evitando tiempos muertos, además de contar con una construcción mucho más segura, confortable y amplia. Visto como campamento, el gran salón comedor se ha convertido en amplias oficinas, las áreas de cocina y patio en almacenes, y la recepción y el bar en cocina. El lobby es el comedor y las habitaciones albergan a los seis ingenieros que trabajan en la obra con toda comodidad (incluyendo por supuesto agua caliente). Las otras habitaciones también han sido habilitadas para alojar a las asiduas visitas de supervisores (incluyendo al MTC), consultores, personal de Lima, proveedores, etc. La rutina diaria comienza a las 5:30 am. Previo desayuno, el trabajo de los residentes es directamente en la obra, recorriéndose diariamente los 84 kilómetros del tramo. De 12:00 a 1:00 pm se interrumpen las labores para el almuerzo y se continúa hasta las 6:00 pm que los que conocen la vida en un campamento saben que esta hora es sólo una referencia ya que el trabajo continúa porque “siempre hay cosas que hacer” y por otro lado “no hay mucha cosas que hacer” en un campamento. En efecto, parte del éxito de una obra es que los costos generales sean bajos. Para ello debe procurarse mantener que la cantidad de personas sea la más baja posible lo que asegura para cada una de ellas una gran cantidad de trabajo diario para cumplir con los objetivos fijados. Así, las horas del día siempre quedan cortas. Al mismo tiempo, en un campamento no hay muchas actividades de ocio a las que uno pueda dedicarles mucho tiempo (inclusive la televisión aburre), lo que significa que los momentos de descanso son aprovechados en trabajar y ponerse al día. Inclusive, por el sistema de descanso de 25 días de trabajo por 5 dias de descanso, los sábados y domingos se sigue trabajando.
Conversando con la gente de la obra, uno se da cuenta que están hechos de una pasta especial. Imaginémonos pasar los días sin ver a la familia, trabajando doce a catorce horas diarias de lunes a domingo. No hay mucha oportunidad de relaciones sociales, salidas con amigos, espectáculos. Ni siquiera un entretenimiento en que gastar dinero (lo que para las esposas normalmente es una ventaja). Además, a pesar de las comodidades del campamento, los diferentes climas y geografías desgastan el cuerpo día a día lo que hace que el trabajo sea agotador. En Huaytará, por ejemplo, el grupo electrógeno del pueblo se apaga a las 11:00 pm, quedando todo el pueblo a oscuras. Si bien el campamento de UPACA tiene su propio grupo, si alguno de los residentes de la empresa o sus visitantes (caso los muchachos de la GTTT) tienen ganas de salir a pasear por el pueblo un sábado por la noche, se quedarán con las ganas puestas ya que todo el pueblo está a oscuras y los pobladores metidos en sus casas. El único teléfono del pueblo funciona en una bodega mientras que la luz del día alimente las celdas solares que requiere la antena para transmitir la señal (este sistema, puesto por la Telefónica a un altísimo costo, ha sido la única forma de comunicar pueblos que hasta ese momento vivieron totalmente incomunicados). Durante nuestra estadía nevó y llovió todo un día impidiendo que el sol brillará, lo que echó por los suelos nuestras intenciones (y la de todo el pueblo) de llamar por teléfono. Esta vez nos hemos apartado un poco de nuestra línea de redacción estrictamente técnica para llevarles amigos lectores un informe no solamente de la forma como se construye la infraestructura que el país requiere sino compartir con ustedes las sensaciones y sentimientos de las personas que trabajan en ella. Aunque se trate solamente de un trabajo para unos o de un negocio para otros, lo cierto es que estas obras trascienden por su importancia en el desarrollo del país y concretamente para las poblaciones adyacentes. Cuando se valora las posibilidades de progreso que da una carretera, que un país sin carreteras es como un cuerpo sin venas, es que se entiende la vital importancia que tiene ser un país comunicado. Estas obras requieren del esfuerzo y la capacidad de las personas que día a día trabajan en ellas. Personas que día a día hacen carreteras, hacen patria. |