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Existen dichos en nuestro país que se han convertido en clichés repetidos por los peruanos para consolarnos de nuestros problemas o como una reivindicación de nuestra situación de que si no estamos bien es porque no queremos.
La más común de todas obviamente es la que dice “el Perú es un mendigo en un banco de oro”. Normalmente esta frase sirve para iniciar la discusión acerca de los terribles defectos de nuestra idiosincracia que no nos permite desarrollar los inmensos recursos que tenemos, pero poco cuidado tenemos en analizar el “banco de oro” que tenemos. Un país rico es aquel en que los recursos naturales abundan y que su geografía le permite acceder a ellos con facilidad. Un país rico cuenta con recursos explotables que el mercado mundial demanda y paga buenos precios para adquirirlos. Un país rico es un país donde el clima es benigno y parejo, permitiéndole proyectar una agricultura estable y productiva. No nos vayamos al ejemplo clásico que es Estados Unidos, que de por sí es riquísimo. Vayamos al Canadá. Un país casi deshabitado que en sus grandes extensiones de territorio tiene millones de hectáreas de bosques. Donde su agricultura es enorme, con decir que los campos son verdes hasta donde se pierde la vista. Sensación que sólo tenemos cuando vemos el mar. Veamos el caso de Venezuela, un país sustentado en el petróleo y que gana ingentes cantidades de dinero con la venta de éste. Argentina, país con enormes llanuras ricas en agricultura y ganadería. Esos son países ricos. El Perú es un país atravesado por una cordillera que si bien puede estar llena de minerales, el acceso es muy difícil. Para desarrollar una agricultura en la sierra los peruanos hemos realizado obras de ingeniería como los andenes que han asombrado al mundo entero pero que en buena cuenta han implicado tiempo y esfuerzo que los habitantes de otros países utilizaron directamente en sembrar y cosechar. Nuestra misma geografía exige que nuestro transporte sea más rudo y más caro porque debemos vencer obstáculos como la altitud, la diferencia de climas, caminos que se deterioran, etc. En el Perú tenemos prácticamente todos los climas del mundo pero tan atomizados que podríamos decir que somos un laboratorio climatológico pero, ¿esa característica nos puede dar de comer?. En la costa peruana no llueve, es una franja desértica que no produce nada y como si fuera poco nos damos el lujo de tirar el agua de los rios al mar (acompañados con miles de metros cúbicos de aguas servidas). Otros países son definitivamente mucho más ricos que el nuestro. El Perú no es un país rico, pero es un país lleno de oportunidades porque está todo por hacer, condición que ya no existe en los países desarrollados. Si canalizaramos el agua de los rios que desembocan en el mar podríamos irrigar las pampas deséricas de la costa. Si tan sólo dejáramos de envenenar las aguas del mar con los desagües de las ciudades y las envíaramos a las pampas de la costa, lograríamos forestar éstas, ganando oxígeno para nuestras ciudades y riqueza para sus habitantes. Si acondicionáramos nuestras playas para el turismo, podríamos tentar inversiones en esta industria, generadora de empleo que tanto necesitamos. El desarrollo ordenado de la selva peruana nos permitiría alimentarnos de ella sin alterar su equilibrio ecológico y así podríamos seguir levantando pañuelos y encontrando oportunidades. Debemos aprovechar las oportunidades y hacer de nuestro país un país rico. ¿Que requerimos?. Agallas y dinero. Lo primero no se si lo tendremos y el segundo sí se que no lo tenemos. Por lo tanto requerimos trabajar y dejar trabajar, sin embargo sí debe quedar claro lo siguiente: esta oportunidad es de los peruanos en la medida que la aprovechemos y seamos nosotros los líderes del cambio. |