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Las estaciones de servicio, llamadas comúnmente grifos en nuestro país, son una caja de sorpresas, a veces gratas, a veces malas, a veces desconcertantes.
Las cadenas de Shell, Mobil, Castrol y Texaco se esfuerzan por imponer un sistema de trabajo, propio de una franquicia, que combinado con la idiosincracia de nuestro pueblo hacen que una fórmula de ingredientes iguales generen resultados diferentes. Lo primero que debe quedar claro es que todos los tipos de combustible no están disponibles en todo el país. Esta situación ya la notabamos en los viajes anteriores, complicando así a los autos “finos” que utilizan gasolinas sin plomo, en especial 97. Otro problema o en este caso, incomodidad, es que si se desea pagar con tarjeta de crédito, estas tienen un tope de sesenta nuevos soles por los que somos grandes consumidores de gasolina estamos condenados a firmar dos vouchers cada vez que llenamos el tanque, uno por sesenta y otro por la diferencia, lo cual, en el caso hipotético de llenar el tanque de un camión o un bus, calculamos una media hora llenando y firmando vouchers. Ridículo porque si creemos que lo ideal es que un chofer se pasee cargado de efectivo para abastecerse de combustible en el viaje es despreciar los avances de la intermediación bancaria. Pero con este tipo de trabas simplemente no es práctico. Un caso curioso fue encontrar un grifo con un solo surtidor con gasolina de 84 octanos. Al preguntarle al empleado si disponía de petróleo D2 nos dijo que la distribuía en baldes de cinco galones. |