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Hay cosas en la vida, yo no sé. Una de esas cosas increíbles que tiene nuestro país yace escondida bajo un discreto cartel de la Panamericana Sur que dice Sacaco. El cementerio de ballenas preshistóricas más grande del mundo se encuentra desperdigado por toda esa zona, totalmente a la interperie, sin protección alguna y a merced de cuanto huaquero llegue.
EL CEMENTERIO DE SACACO Hay cosas en la vida, yo no sé. Una de esas cosas increíbles que tiene nuestro país yace escondida bajo un discreto cartel de la Panamericana Sur que dice Sacaco. El cementerio de ballenas preshistóricas más grande del mundo se encuentra desperdigado por toda esa zona, totalmente a la interperie, sin protección alguna y a merced de cuanto huaquero llegue. Visitar Sacaco es no solamente una mirada a un pasado que data de millones de años. Es también tomar conciencia de nuestro patrimonio cultural y reclamarle a las autoridades para que cumplan con su responsabilidad de velar por nuestro legado histórico. Obviamente, al leer estas líneas el primer impulso de las autoridades del INC, INRENA o sabe Dios que institución estatal que se sienta dueña de Sacaco, será correr con un par de patrulleros para prohibir el ingreso de cualquier visitante. Parte del operativo será tapiar la trocha de ingreso y por ahí que se animan a poner un cartelito que diga "prohibido el paso". Con esto calmarán sus conciencias digamos unos … dos meses. Después se olvidarán del tema, los patrulleros se irán a un sitio menos inhóspito y el cartelito se lo llevará el viento, con lo cual regresarán en camiones (sí, en camiones) los mismos depredadores que desde hace años se llevan nuestras ballenas para venderlas en el extranjero en jugosas sumas que sólo ellos ven. A estas alturas del artículo usted debe estarse preguntando porque este tono tan agresivo en esta columna usualmente alegre y divertida. La razón es que queremos que usted amigo lector, cuando viaje por la Panamericana Sur, pare en Sacaco, se asombre de lo que vea y se sienta orgulloso de nuestro patrimonio. Comparta con esas familias que guardan la llave del museo de sitio (sí, existe un musaeo de sitio) lo que significa vivir ahí donde nadie se acuerda y nos ayude elevando su voz de protesta para que Sacaco sea protegido. Por cierto, el dato más importante: Sacaco queda en el km. 540 de la Panamerican Sur, entre Marcona y Yauca. En el lugar donde se encontró Roque, una ballena de 3.8 millones de años, se ha levantado un pequeño museo de sitio que orienta al visitante acerca de lo que está viendo. La llave la tienen los guardianes que viven en unas casitas a 200 metros del museo y al final, pare en Yauca a comer unas ríquisimas aceitunas. Nos vemos en la ruta! |