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En el km. 744 de la Panamericana Sur se encuentra el Santuario de Calaveritas. Parada obligada de cuanto chofer pasa por ahí es un alto en el camino que vale la pena hacer.
Nadie sabe bien cual es el origen de las calaveritas pero lo cierto es que son tres craneos humanos a los que se les atribuye una serie de milagros y la capacidad de velar por los choferes que a ellas se encomiendan para llegar sano y salvo a su destino. Cuenta la leyenda que estas tres calaveritas pertenecieron a tres soldaditos (es decir niños soldados) que pelearon por nuestro país en la guerra con Chile y murieron en la batalla quedando sus cuerpos enterrados en medio de la pampa. Sus calaveras fueron encontradas por los obreros que construyeron el primer trazo de la Panamericana a inicios del siglo XX, quienes construyeron una gruta al pie de la carretera y las colocaron ahí. Otras versiones recogidas aseguran que en realidad fueron tres monjitas que perdieron el rumbo a su convento cercano a Caravelí y algun otro cuento asegura que más bien se trata de tres hombres que enloquecieron por el amor de una joven a la que ninguno de ellos pudo alcanzar. Lo cierto es que con el correr del tiempo los choferes de camiones comenzaron a parar para encomendarse al alma de estas personas y pedirles que los protejan en su camino. Obviamente no pasó mucho tiempo para que además de la protección comenzaran a pedirles otras cositas y por ahí un milagro, difundiéndose el culto a las tres calaveritas entre los pueblos aledaños. Es así que hoy en día desde Ocoña principalmente y de muchos otros pueblos llegan peregrinos a rezarle a las calaveritas incluyendo misas (con sacerdote especialmente contratado), develamiento de placas y demás muestras de fe y agradecimiento. Resulta delicioso leer el texto de las placas pues en ellas se revela toda la religiosidad, e inclusive supertición, que la fe popular genera. La Panamericana Sur ha cambiado tres veces ya de trazo y las tres veces se ha construido un recinto para las calaveritas. Hoy en día éste se ha convertido en una capilla o santuario en que no solo reposan las tres calaveritas sino que han sido incluidas también las imágenes de San Martín de Porras, Santa Rosa de Lima, la Virgen de Copacabana entre otras imágenes de Cristo y la Virgen María, e inclusive el retrato de un chofer que, según el texto que lo acompaña, al morir en un accidente prometió velar por siempre por sus colegas. Como verán, el visitante puede elegir a quien encomendarse.
Más allá de que usted crea o no en las calaveritas y sus poderes milagrosos o protectores, si usted pasa en alguna oportunidad por el 744, pare un momento y baje a rezar. El ejercicio de hacer un alto en el camino y reflexionar acerca de que usted tiene un destino al cual llegar, que tiene familia que lo espera y lo quiere ver llegar sano y salvo es un ejercicio saludable. Además, le servirá para estirar las piernas, desperezarse, despejar su mente y continuar así fresco su camino. Al costado de la capilla hay un kiosko que por un sol le dan 3 velas (si regatea le dan 4). Vaya a la capilla, elija el santo de su devoción y préndale unas velitas. ¿Qué perdió?, 1 sol y 20 minutos. Es decir, nada. ¿Qué gano?. Tiempo para sí mismo y una rezadita que nunca cae mal. Siempre que paso paro en Calaveritas y les prendo una velita a ellas y a San Martín. No solo le tengo mucha fe al moreno sino que siempre me cayó muy simpático. Le pido, por su intersección, al Señor que me permita regresar siempre a mi hogar sano y salvo, junto a mi familia. Aprovecho también de pelearme con los que venden fruta (las mandarinas mas caras del Perú) y conversar con los camioneros, que siempre tienen anécdotas interesantes, y continúo mi camino pensando que esas son el tipo de cosas que hacen del viaje por carretera sea siempre una experiencia inigualable. Nos vemos en la ruta... |