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En el Perú, una de las referencias más comunes y a la vez menos exacta que se tiene cuando se viaja en una carretera es el tan mentado “aquisito nomás”. A la pregunta ¿dónde queda tal lugar?
La respuesta casi siempre es “aquisito nomás”. Si uno pregunta ¿queda muy lejos ese pueblo? la respuesta siempre será “aquisito nomás” y es que el aquisito nomás es para nuestra gente sinónimo de cercanía, esperanza y aliento para el perdido y el desorientado. Es la intención del morador de la zona de decirle al forastero lo cerca que está para que no se preocupe y es también la referencia más inexacta y etérea posible que puede darle alguien que ya conoce al que nada conoce. Tambien el aquisito nomás, que se supone es una medida de longitud, es una referencia de tiempo, pues es, a su vez, la respuesta acerca de cuánto falta para llegar a nuestro destino. Jamás nos darán una referencia de distancia porque en el Perú todo se mide por tiempo. Es decir, las referencias que recibirá siempre serán: en ese carro, dos horas; a pie, un día. Ese ómnibus, siete horas. Poca veces una frase ha significado tan bien nuestra idiosincracia, tan vaga, tan esperanzadora, tan informal, tan “chicha”. Por ello la hemos escogido como título de este libro que busca mostrarles, de manera irreverente y divertida, el espíritu del Perú y su gente. Un país con enormes dificultades habitado por gente que ríe a pesar de sus problemas porque, finalmente, a pesar de todo, sigue siendo un país hermoso de gente buena. Para definir este espíritu solo una frase más. |